No por casualidad salimos al aire en aniversario de terremoto y bajo el signo de virgo.
La gota derramó el vaso en Morelia. La sociedad está paralizada, pero no por incapacidad sino por pasmo, por incredulidad absoluta. Por simple reacción biológica ante el baño de agua fría.
México es vulnerable. Muy vulnerable.
Aunque a los ojos de los mexicanos a veces todo sigue pareciendo el melodrama que tanto nos encanta de una telenovela muy parecida a la realidad.
Vaya, como un riality, pero deadeveras.
El peso de la colombianización ha tardado tiempo en sacudirnos, si es que acaso somos sacudibles, ya que es profunda muy profunda la pereza mental del mexicano, su voluntad para toda acción que vaya más allá de los gestos grandilocuentes, su campechanismo sonriente ante las adversidades, su amor al ai-se-va, su gusto y regodeo por la autodestrucción acaramelada en cualesquiera de sus manifestaciones.
Sin embargo las bombas en Morelia fueron uno de esos puñetazos capaces de hacer girar varias veces la cabeza del boxeador antes de mandarlo a la lona.
¿Es acaso que nos manden a la lona condición necesaria en el proceso de maduración de nuestro infantil ser nacional para algún día, si es que el País lo soporta, integrarnos a la comunidad de las naciones adultas?
Algo similar nos pasó a mediados del siglo 19 y perdimos la mitad del territorio nacional: por el equivalente a pelearnos en que si bloqueamos el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México o mejor todas las carreteras del País, o a entercarnos en dejar las riendas del país a un probado o muy sospechado ministro corrupto.
¡Ay, Ñoños! ¡Ay, Trogloditas!
Mientras, los partidos políticos como buitres, o como buitres y un cocodrilo de colmillo muuuuy largo que, inmovil, espera.
En tiempos de Fox todo se hubiera solucionado organizando a las hordas de mexicanos vestidos de blanco en peregrinaciones interminables y de rodillas a la Basílica de Guadalupe.
Pero ahora, ¿quién podrá defendernos?
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