martes, 23 de septiembre de 2008

¡Legalizar, por supuesto...!

Hace menos de cien años hubiera sido motivo de indignación la medida en que el Estado se ha abrogado el derecho de inmiscuirse en las decisiones íntimas del individuo.
El clima de miedo global que se fue instaurando lentamente desde antes de la caída del Muro ocasiona que los individuos, cada vez más, se autodespojen, cada vez más, de las auto-responsabilidades en las que se finca la libertad de los ciudadanos. Por lo menos según el blablablá de la Revolución Francesa, que la Suprema Ley Abstracta tenga en Su Gloria, ¡aleluya!
La gran lección del siglo veinte es que el miedo a nivel masivo genera docilidad y sumisión de los ciudadanos, al tiempo que empodera al Poder (si se me permite el hórrido barbarismo o neologismo), cada vez más, y sobre todo hoy: Poder montado en la Tecnología amenazadora, llevando la capacidad de control al non plus ultra de las peores pesadillas de los esclavos.
En esta atmósfera de miedo cualquiera cree cualquier cosa que le quite el peso de su responsabilidad individual; cede cantidades enormes de sentido común con tal de que el Estado se haga cargo de sus miedos. Y el Estado-Vampiro se hace cargo del individuo con mucho placer.
Y ese miedo impide ver lo evidente:
Si existe demanda y existe oferta, se genera un mercado.
Las sustancias que alteran las percepciones, como el café y el azúcar, como el tabaco y el alcohol, como la marihuana y la cocaína, o como los hongos y cactus místicos, siempre han formado parte de las culturas humanas a lo largo de la historia y desde la prehistoria.
Y un sistema ideológico y socioeconómico que ha conducido y conduce sistemáticamente al aniquilamiento del espíritu humano favorece, precisamente, que los individuos busquen realidades alternativas y esferas íntimas donde puedan sentirse a resguardo del mundo, donde lo irracional-inmaterial de sus personas pueda expresarse sanamente en el mejor de los casos; y es justo en ese sistema aniquilador y prohibicionista donde radica el germen de las atrocidades superlativas de las que nos enteramos a diario.
Quienes manejan el Poder aprendieron dos grandes lecciones del siglo XX:
> Una mentira repetida un millón de veces se convierte en una verdad, como bien los sabían Adolf Hitler y la jefatura de Propaganda del Partido Nacionalsocialista de Alemania en los años de 1930 (cuyas atrocidades, por cierto, parecen cada vez más nimias al compararlas con lo que nuestras realidades nos ofrecen).
> La Prohibición de un artículo de escape de primera necesidad, como lo demuestra la Prohibición de bebidas alcohólicas en Estados Unidos de 1917 a 1933, genera mafias, corrupción, violencia, desmoronamiento de los valores sociales, poderes paralelos, economías clandestinas, y un sinfín de etcéteras que desgraciadamente ahora nos son tan familiares: matanzas, secuestros, vejaciones y lo demás que no quiero nombrar.
El mercado, considéresele legal o negro, siempre va a existir. Sobre todo mientras el Sistema considere que lo único real, lo único que tiene valor, es lo mercantilizable. Y mientras el miedo masivo siga resultando tan redituable mercancía, hipócritamente se continuará como si esas lecciones nadie los hubiera aprendido. Siendo tan sencillo lo evidente:
Si una mercancía ilegal se vuelve legal, con el pago de los consiguientes impuestos, el mercado negro se termina. ¿No es así?
La moralina y la mitología de la salud pública (uno de los grandes polos generadores de miedos y cosificador de las personas) son otra cuestión; y tienen más que ver con educación con respecto a un tabú, como hace 40 o 50 años la educación sexual vino a poner en palabras un asunto íntimo humano del que no se hablaba abiertamente en absoluto, y el mundo cambió: se hizo mejor.
En este caso sería una especie de educación sobre las drogas. Y seguro también el mundo sería mejor.
¿Pero te imaginas qué pasaría con tanta policía, tanta DEA, tantas agencias antinarcos, tanto ejército superespecializado, ¿desempleados todos?? No menciono el corolario. Pero: ¿Y la autoridad episcopal de esa nueva mafia blanca que es la de los médicos, los hospitales, los seguros médicos?
No. No te creas. No alucino. Sé que no es así. A pesar de mis convicciones estoy totalmente seguro:
La legalización seguirá siendo un sueño de opio.

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